viernes, 9 de marzo de 2012

Romeo y Julieta y el amor imposible

Romeo y Julieta. El amor en su estado puro.
El amor ideal que no puede ser real.
El destino de una tragedia anunciada.
Como tantas otras de amor trágico, Romeo y Julieta nos muestra dos realidades contrapuestas: ese amor que nos justificaría puede imaginarse pero no realizarse.
Como se ha señalado en alguna crítica literaria, la historia representa el paradigma de los Star-crossed lovers, aquellos amantes cuyos amores ya están perdidos desde el comienzo.
Lo singular de estas tragedias es que el amor ya está sentenciado por fuerzas externas a los propios amantes. Y es esa circunstancia, ese luchar contra el mundo, lo que termina enalteciendo el sentimiento del amor.
No argumentaré aquí que la clave del amor trágico radica en la existencia de una prohibición que alimenta el deseo. Por supuesto, eso es enteramente verosímil.
En cambio, me gusta pensar que los amores imposibles son una creación necesaria para mantener la ilusión de que, en algún universo posible, nos aguarde un sentimiento que, por fin, nos justifique: el amor eterno.


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