miércoles, 29 de enero de 2014

Escritura con sonidos binaurales.

Dejar la mente en blanco en busca del sonido imposible. Vagar por los desiertos en noches de tormenta. Buscar la efigie oculta detrás de la sombra. Ir y venir en cadenas incesantes. Hebras de pasiones irredentas. Vientos despiadados. Mirar hacia el sur. El sur oculto tras los sueños de niños. Espumas del mar deslizándose por pliegues de arenas. De pronto una inesperada paz puede cobijarnos. Una paz sin forma. Un eco de algún perfume olvidado. Un sonido que se transmuta en perfume. Un perfume que se transmuta en pura emoción. Deslizarse por los bordes de lo intenso y lo azul. Azul que brota desde el corazón solitario. El testigo mira y calla. El testigo es solo oído y mirada. El testigo no tiene palabras. No tiene voz. Es puro sentir, tras los bordes de las cosas. 

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