Alguna vez fuimos pura transparencia. Pura expresión sin
máscaras. Sin muros.
Un día comenzamos a bosquejar esa coraza. A proyectarnos desde
afuera. Comenzamos el vano ejercicio de jugar a ser otro.
Luego las máscaras fueron cambiando. Y nos extraviamos
detrás de ellas.
Necesitábamos por fin ser alguien. Pero desconocíamos el
costo de tamaña aventura.
Disfraces de adultos que alguna vez elegimos
inadvertidamente. Disfraces que fueron talismanes y refugios. Disfraces que
fueron murallas y cárceles.
Cuando se acerque el momento definitivo ya no sabremos qué
quedó de nosotros más allá de las formidables y evanescentes imágenes. Fantasmas en que nos fuimos perdiendo para siempre.
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